Basset Hound de le Couteulx de Canteleu

La biografia del Conde Emmanuel le Couteulx de Canteleu es el reflejo de la vida de un cazador con mayúsculas, que además permitió nacer a un gran criador y a un gran defensor de la naturaleza, algo que es muy común entre todos los cazadores.

Durante toda su vida el Conde Emmanuel le Couteulx de Canteleu dedicó buena parte de su fortuna al cuidado de sus perros y caballos, y a la redaccion de libros especializados sobre sus grandes aficiones. Vivió en una época en la que comenzaron a sentarse las bases modernas de la crianza canina y también en una época en la que comenzó a ganar popularidad la caza con escopeta a pie, si bien, él siguio praticando la tradicional caza a caballo auxiliado de jaurias de sabuesos.

Paradojicamente, a pesar de ser uno de los grandes cazadores en la historia francesa, su popularidad entre el gran público se debe a su trabajo en la crianza de perros tipo Basset, que acabaron siendo origen de las razas hoy conocidas como Basset Hound y Basset Artesiano Normando, que son razas dedicadas a la caza de liebre y conejo fundamentalmente, especies cinegéticas muy alejadas de las especies de caza mayor que cazó habitualmente, y en especial el lobo, especie de cuya caza fue un consumado especialista.

Aparte de dedicar buena parte de su vida a la crianza canina, realizó una importante labor como militar, escritor, cazador y político, aspectos todos ellos que se enumerarán a lo largo del presente artículo con el que pretendemos dar a conocer la figura de este polifacético personaje.

Su mayor pasión fue la caza, actividad a la que dedicó largas jornadas y la publicación de varios libros sobre la materia, y que además de forma indirecta acabó creandole interés en la crianza canina, puesto que por la modalidad de caza que realizaba necesitaba un gran número de perros y que estos además poseyeran unas inmejorables cualidades como perros de rastro, circunstancia que motivó que fuera adquiriendo un gran conocimiento en materia de crianza canina.

Curiosamente, a pesar de ser muy conocido por ser un criador de Bassets franceses de pelo corto, apenas dedica unas pocas lineas hacia esta raza en sus publicaciones más conocidas.

El motivo de esta falta de atención en sus publicaciones hacia las razas Basset se explica en gran medida a que su interés por este tipo de razas se desarrolló en la última etapa de su vida, cuando ya había trasncurrido buena parte de su carrera como cazador. Por ello, aunque tuvo una gran jauría de Basset, se cree que no cazó demasiado con ellos, a diferencia de los años en que contó con razas de sabueso de mayor talla, en las que fue muy activo como cazador. en especial a la caza del lobo y otras grandes piezas de caza como el ciervo o el jabalí, especies para las que las razas Basset están en desventaja frente a otras razas de sabuesos con mucha mayor velocidad y corpulencia.

En cualquier caso, su dedicación por las razas tipo Basset atrajo la atención de varios criadores ingleses, que importaron perros tipo Basset a Inglaterra criados por el Conde Emmanuel le Couteuls de Canteleu, y que acabaron originando el Basset Hound. En Francia, sus Basset también acabaron originando en primer término los denominados Basset le Couteulx, que poco despues recibirán el nombre de Basset Normandos y posteriormente (alrededor del año 1930) acabaron originando la raza Basset Artesiano de Normandia al confluir las dos estirpes de Basset de pelo corto (Basset de Artois y Basset Normando), pero esa es una historia de la que ya hablaremos en otra ocasión cuando tratemos la figura de León Verrier.

Volviendo a la figura del Conde Emmanuel le Couteulx de Canteleu cabe decir que era un auténtico apasionado de todo lo que hacia, ya fuera caza, política o incluso la escritura, aunque también dedicó parte de su vida a otras ramas artísticas como la escultura y la pintura.

Como escritor publico varias obras de referencia relacionadas con la caza, cinofilia y pesca, pero también tuvo tiempo para escribir un libro muy prolijo y bien documentado sobre “Sectas y Sociedades Secretas”, publicado en 1863 y que en especial estaba dirigido contra la masoneria francesa.

Los motivos por el que escribió esta publicación en contra de los masones no son del todo conocidos, aunque se sospecha que durante su época militar fue nombrado teniente al mando de la escolta palaciega, circunstancia que hizo que durante varios años cenase en la mesa presidencial del Eliseo y que fuera testigo de primera fila de todos las actividades en Palacio de los masones, que por otro lado contaban con una buena relación con el monarca de aquella época, Napoleón III. Parece que lo que vió durante su etapa en la corte no resultó de su agrado y ello condujo a la escritura de este libro, que como ya hemos dicho es bastante crítico con la masoneria.

Por tanto, el libro no fue bien recibido por la masoneria francesa. Eso hizo que las diferentes logias masónicas hicieran todo lo posible por limitar la circulación del libro, actividad en la que tuvieron cierto éxito puesto que se han conservado muy pocos ejemplares de dicho libro hasta nuestros días.

El conde Emmanuel Le Couteulx también fue artista; con un especial talento como acuarelista, en especial para reproducir los bucolicos paisajes de la campiña francesa y todavía hoy en día se conservan algunas de estas acuarelas.

Sin embargo sorprende, que un hombre tan amante de los caballos y los perros no dedicase sus obras pictóricas a estos animales. No sabemos si llegó a realizar acuarelas sobre perros y caballos porque no se ha conservado ninguna muestra. Es una pena que se desconozca si también realizó obras con perros o caballos como protagonistas, puesto que tenía un gran conocimiento de estos animales y a buen seguro hubiera elaborado excelentes obras con sus animales más queridos como protagonistas.

También fue tentado por la escultura y como todo lo que hizo en su vida, se dedico con pasión e interés por este arte, que nos ha dejado como legado un excelente busto de su padre de una magnífica factura.

El Conde Emmanuel Le Couteulx de Canteleu nació en el castillo de Saint-Martin cerca de Étrépagny, en el Eure, en 1827 y murió allí en enero de 1909. Era el hijo más joven del Barón Le Couteulx, oficial del Príncipe de Neufchatel, entonces ayudante de campo del Delfín de Francia y coronel del 6. ° Regimiento de la Guardia, hijo del mismísimo Barthélemy Couteulx, concejal de Rouen, diputado de la bailía de Rouen en los Estados Generales de 1789, miembro del Consejo de los Quinientos, Presidente del Consejo de  Ancianos, Senador, Regente del Banco de Francia y par de Francia en 1814. Barthélemy le Couteulx, era muy conocido por haber logrado salvar de la destrucción la abadía de Saint-Hubert en Bélgica. Para ello no dudó en adquirirla para acabar vendiéndola unos años más tarde a una empresa, una vez que se había asegurado su conservación.

La madre de Emmanuel Le Couteulx era la hermana de Conde de Onsembray. Desde su juventud, Emmanuel Le Couteulx había sido criado en el amor hacia la caza y en el seno de una familia de cazadores. Su padre había tenido una jauria de caza y había cazado con su cuñado el Conde de Onsembray y su primo Barral.

Emmanuel Le Couteulx entró a servir en el ejercito en 1848 a los 21 años de edad como oficial en el 1er Regimiento de Caballería en la guarnición de  Fontainebleau, aunque acabó renunciando a su vocación militar tan solo cuatro años más tarde, en 1852. Tras su retirada del ejercito se trasladó a San Martín, donde coincidió con su hermano mayor Auguste quien, como él, había pasado por el ejercito, aunque sirviendo en la rama de infantería.

Sin embargo su retirada activa del ejercito no impidió mantener su vinculación militar hasta que falleció porque sentía un gran amor a Francia y a sus ciudadanos. Por este motivo, su popularidad fue considerable y fue nombrado asesor General del Eure.

En ese sentido, durante la guerra franco-prusiana de finales del siglo XIX, el Conde Emmanuel Le Couteulx jugó un papel fundamental en la batalla que tuvo lugar en Etrépagny, puesto que durante una de sus conocimientos militares le permitieron detectar que las fuerzas alemanas se encontraban aisladas en una posicion comprometida. Rapidamente se puso en contacto con el General Briand, que se encontraba al mando de las fuerzas francesas y que finalmente logró la victoria en esa batalla.

Como consecuencia de esta victoria, hoy en día continua existiendo un monumento en la ciudad que conmemora dicha batalla.

A pesar de este hecho, y de su dedicación hacia los ciudadanos de la zona, buena parte de su tiempo lo dedicó a la caza, y en especial a la caza del lobo. Para ello uso al comienzo una jauría de perros Grifones procedentes del  Sr. Brière d’Azy del Nièvre, y que cruzó con Grifones azules del conde César de Moreton.

Buena parte de su actividad cinegética relacionada con el lobo se desarrolló en el Vexin, puesto que todavía por aquella época era relativamente abundante, en el Haute-Marne, meseta de Brieene Morvan, Bourbonnais y Normandia. Durante estos primeros años solia verse acompañado por el Conde de Barral, otro gran aficionado a la caza, que eran ayudados por todo un séquito de ayudantes y expertos cazadores, que se encargaban tanto del cuidado de los perros como de los caballos.

La caza del lobo siempre ha resultado complicada, por la inteligencia de esta especie, su gran resistencia y velocidad, así como por su habilidad para lograr esquivar a las jaurías de perros. Por aquella época era una de las actividades cinegéticas de mayor complejidad en Francia y que por tanto generaba cacerias epicas que durante muchos años eran recordadas por los participantes.

En el caso del Conde Emmanuel Le Couteulx no podía ser de otra forma, e incluso hoy en día se recuerdan cacerías suyas memorable de grandes lobos; uno de ellos, cazado en Haute-Marne, también en las montañas de Forez. e incluso en Normandia donde vivió jornadas épicas de caza del lobo

Paul Gérusez, quien se dedicó durante más de doce años a la caza del lobo en el Vexin con el conde Le Couteulx escribió en 1889 sobre el contramaestre de Saint-Martin:

“Cazador en el sentido más completo de la palabra, es un jinete notable: manteniendo la solidez en todo momento que le sirvió de gran ayuda cuando participa en persecuciones acompañadas de los latidos de sus perros.

Tiene una mano excelente y tiene un talento especial para montar a los caballos y sacar su mejor rendimiento, incluso a aquellos que tienen menos voluntad. En el bosque, conduce su caballo con el tacto de un tiovivo y logra pasar por los lugares más difíciles sin perder un conocimiento perfecto del ritmo que le permite quedarse un día entero de caza acompañando a sus perros sin sobrecargar su montura.

Tiene un conocido sentido común que le hace juzgar a primera vista la calidad de la forma en que el las piezas de caza se van a mover y eso lo hace reconocer infaliblemente al más volátil de los animales durante la caza.

Posee un gran instinto para intuir la dirección tomada por los animales; él tiene esta noción de la dirección que el animal cazado va a tomar, circunstancia que le permite seguir los diferentes lances de la caceria y después de una carrera llena de galopes de varios kilómetros, es raro que no llegue justo a tiempo para ver para saltar a su animal o al menos a los perros principales. y siempre se encontrará allí al viejo cazador de lobos.

Junto a estas grandes virtudes, el Conde le Couteulx también tiene grandes aptitudes para la caza menor, y posee todo el cuidado, paciencia y minuciosidad que requiere tanto los cazadores de liebres como el cazador de ciervos.

Tiene una cabeza muy sensata, lo que permite que en situaciones apuradas pueda tomar decisiones rápidas, que se suma a su tenacidad y perseverancia como la de los nativos americanos.

Por todo ello el Conde le Couteulx merece absolutamente la reputación que se ha ganado y que es reconocida por todos los que han participado en cacerias con él.”
Para el Code Le Couteulx, la caza no era solo un placer, sino también un arte, que en su conjunto formaban un deporte muy atractivo donde se podía disfrutar de muy buena compañía, la belleza de los paisajes, la emoción de la caza y el disfrute del lance como deporte.

Apreciaba mucho a sus perros y procuraba facilitarles los mejores cuidados e instalaciones. En sus libros podemos encontrar instrucciones sobre como construir instalaciones para la cria de perros e incluso recomendaciones sobre alimentación y cuidados de los perros, siendo un adelantado a su época en este aspecto.

Su gran preparación académica, la pasión que dedicaba a todas las actividades y su gran afición por la naturaleza, logró que se convirtiese en un referente en la crianza de perros. Por este motivo era consultado por muchos de los criadores de la época, e incluso llegó a ser nombrado Presidente de Honor del Club de Basset Hound de Inglaterra.

Como criador produjo muchos perros notables, tanto para la caza del lobo y el jabalí, además de ser uno de los pilares del desarrollo de la raza Basset Hound en Inglaterra y de la raza Basset Artesiano Normando en Francia.

Durante la segunda mitad de su vida descubiró a las razas Basset, cuyo temperamento y vitalidad le resultaron muy interesantes, razón por la cual se dedicó a la crianza activa de este tipo de perros, derivados del Basset de Artois, con piernas retorcidas, que acabaron siendo llamados Bassets Le Couteulx. Estos perros tenían un gran éxito para la caza menor con escopeta, que era una modalidad de caza que estaba comenzando a ganar un gran número de adeptos en Francia debido a resultar mucho más económica que la caza a caballo.

Aunque cazó muchos lobos y tuvo algunos accidentes de importancia durante cacerías de lobo, admiraba a este animal que atrajó su atención en gran medida.

Como no podía ser de otra forma, el espíritu inquieto y estudioso del Conde Le Couteulx hizo que dedicase muchas horas de estudio a esta especie en su hogar de San Martín. Incluso tenía lobos y mestizos de lobos que cruzó con su perros, como nos muestra en sus libros.

La dificultad de la caza de esta especie hizo que sufriera algunos accidentes, el más destacable y que estuvo a punto de acabar con su vida un día que cayó seriamente herido por un lobo adulto, logrando salvar la vida gracias a la oportuna llegada al lugar de la escena de su hermano Auguste.

En 1868, tras una campaña excepcionalmente dura en Bourbonnais,  la jauria del conde volvió a San Martin y la mayor parte de sus perros murieron. Por ello, el Conde le Couteulx compró al Conde de Rolland en Nivernais, su gran jauria de sesenta y seis grifones, con grandes capacidades para la caza del lobo. Estos perros poseian una gron homogeneidad morfológica y eran muy rápidos y vigorosos.

Desafortunadamente, en 1870 se produce la invasión de la región de Vexin por parte del ejercito prusiano durante la guerra franco-prusiana, lo que hizo que tuviera que vender dicha jauría a Sir Woldrons Mill, que lo adquirió para cazar nutria en Escocia.

Después de la guerra de los 70, los lobos desaparecieron de la vecindad de Saint-Martin, por lo que el conde Le Couteulx montó una jauria de perros de San Huberto y se entregó con éxito a la crianza de esta antigua raza que por aquella epoca estaba casi desparecida por completo.

En 1891 a causa de una lesión en el hombro, tuvo que vender esta jauría pese a haberle hecho disfrutar de jornadas memorables de caza en compañia de su tio el Conde de Onsembray

Tras su recuperación, adquirió una jauría formada por mestizos y perros ingleses, cuya dirección confió a su yerno, el Conde Le Couteulx de Caumont. Finalmente esta jauría fue vendida en el año 1907, pocos años antes de su fallecimiento.

A lo largo de su trayectoria venatoria el Conde Le Couteulx de Canteleu estuvo muy bien acompañado por un amplio grupo de auxiliares y ayudantes, entre los que cabe destacar a Adrien Charrier. Pierre dit Nennen, Charles Vinay, Claude Pejoux dit Trotty, Maurice Vallée y Adolphe Millon. Este último cuyo padre ya había estado sirviendo al conde Le Couteulx, acompañó al Conde en sus cacerías durante mas de treinta años.

La actividad cinegética del Conde comenzó en 1852 y finalizó en 1902. En estos cincuenta años quedaron registrados la caza de 21 grandes lobos, 73 jóvenes y cachorros de lobo (el último en 1869), 358 ciervos, 416 jabalíes y 37 corzos.